November 17, 2008...10:21 pm

Compañera de viaje

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Despacio, muy despacio el amor se nos fue sembrando muy dentro. Al cabo de unos meses, sin saber como o en qué preciso instante, ya nuestras vidas estaban entrelazadas. Como el árbol cerca del río cantaba la canción y así lo cultivamos, como un frondoso río que extendió sus ramas al sol y lanzaba parte de su raíces a la corriente que le abrazaba. Con ella, a través de ella descubrí el amor en todas sus formas.

La vida nos trajo luego dos hermosos regalos, un par de seres luminosos que iluminan y agrandan nuestra existencia más allá de lo que ellos mismos perciben. Así transcurrieron más de veinte años. Dos largas décadas llenas de mucha ternura, de pasión, de sueños, de tropiezos, de batallas ganadas. Mucho de lo que soy es fruto de ese caminar. En mi quedó una huella profunda que puso muy alto los estándares del amor, del compartir en pareja, en equipo.

En una vuelta del camino tomamos rutas diferentes. No porque se acabara el amor, no, ese estará ahí por siempre. No, era tiempo de que cada cual se encontrara a si mismo, no a través del otro sino a solas consigo mismo. Dura faena y muy duro el reto para el corazón pero solo al salir victoriosos de esa batalla podremos mirarnos a los ojos como los seres de luz que somos y permitir que sea la luz de nuestro corazón quien guíe nuestros destinos.

Miro atrás y recuerdo con alegría todo lo ganado, incluso de los tiempos difíciles. Miro al presente y agradezco lo que soy. Miro adelante, al horizonte infinito y aprieto el paso sabedor de que solo el amor y la confianza serán mis guías y compañeras.
Sí, si te has cruzado con el amor de tu vida: no lo dejes pasar, bien vale la pena caminar la senda juntos.

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